116. El respeto por la autoridad.

Hacer de un hijo un hombre de bien depende de que los padres le transmitan un respeto por la autoridad. Por esta razón, ni el trabajo de los padres, ni la ausencia de uno de ellos, ya sea por muerte, separación, o porque trabaje en otra ciudad, deben servir de excusa para dejar de transmitir dicho respeto. Tampoco se debe dejar esta tarea en manos de empleadas domesticas, niñeras, abuelos, tíos, etc. Transmitir un respeto por las normas y la autoridad es en gran medida responsabilidad de los padres o de las personas que están al cuidado del niño.

La función más importante de todo aquel que se llame padre es ejercer una autoridad que sea firme, coherente, consistente y justa. Si las personas que representan la autoridad se muestran inseguras, culposas, temerosas o indecisas en el momento de poner límites a sus hijos, o lo hacen de una manera caprichosa o incoherente, esto tendrá como efecto la pérdida del respeto por la autoridad, primero hacia las personas que la encarnan, y luego hacia las demás figuras que la representan en la cultura.

Hacerse respetar como autoridad está en estrecha relación con la posición subjetiva de un hijo desde el momento de nacer, la cual es la de una «dependencia de amor». Los hijos aman a sus padres si estos a su vez les demuestran amor. Pero los hijos los amarán aun más si estos les enseñan a respetarlos. Aquí no se trata para nada de un amor desmedido o irracional, sino de un amor con límites, un amor que sabe que no todo está permitido para los hijos. Cuando los padres aman sin medida, sus hijos suelen ser muy caprichosos y groseros con aquellos.

La «dependencia de amor» en la que se encuentran los hijos al comienzo de su vida, hace que lo que ellos más teman sea perder el amor de sus padres. Y un padre que exige respeto, sabrá hacer buen uso de esa dependencia para exigir un respeto por la autoridad. Esto se hace mostrándose seriamente disgustado por el mal comportamiento del hijo, y así hasta que aquel se corrija. Los hijos suelen dejar su mal comportamiento para no perder el amor de sus padres.

Acerca de Hernando Bernal

Hay un Hernando humorista, don juan, satán, tierno, charlatán, malicioso, displicente, generoso, vanidoso, amoroso, burlón, aullador, seductor, apasionado, cínico, gozón, tortuoso, sublime, puntilloso, profundo, cautivador, caprichoso, necio, amistoso, imprudente, voyeur, parrandista, goloso, simplón, afectuoso, irónico, cordial, sarcástico, expresivo, mimoso, tentador, hechicero y mordaz. Ver todas las entradas de Hernando Bernal

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