78. Salir de la adolescencia.

La entrada en la vida adulta está marcada por una serie de pasos: del estudio al trabajo, del hogar paterno al conyugal, de la categoría de hijo al de padre de familia. En las generaciones pasadas esto era mucho más sencillo: se pasaba de la adolescencia a la adultez cuando se abandonaba la casa paterna y el joven se ponía a trabajar; en el caso de las mujeres, salvo una pequeña proporción, dejar la casa significaba casarse.

La adolescencia, ese momento de pasaje de la niñez a la adultez, también es considerada una travesía en la que se abandonan o no determinadas identificaciones con los padres, es decir, que se deja de ser como ellos y se pasa a ser de otra manera. Si bien se entra a la adolescencia por la puerta de la pubertad -con la aparición de los caracteres sexuales secundarios: cambia la voz en los varones, crecen los senos y se ensanchan las caderas en las mujeres, se desarrollan definitivamente los órganos sexuales en ambos sexos, sale el vello púbico, etc.-, la salida es más difícil de situar y parece estar ligada al momento en que un individuo accede a ciertos lugares y a ciertas responsabilidades. Pero, ¿están siendo preparados los adolescentes de hoy en día para ser sujetos responsables de sí mismos?

Si se ubica la salida de la adolescencia de determinada manera, se corre el riesgo de caer en una norma que diga que es lo que se espera: se introduce el aspecto de lo Ideal, lo que a su vez empuja a la homogeneización o la universalización: “todos deben salir de esta manera”.

La adolescencia es el tiempo de la búsqueda de marcas diferenciales, búsqueda que permitiría cumplir con el anhelo de ir más allá de los padres, y de lo instituido social y familiarmente. Pero al ubicar esa búsqueda en un tiempo, al introducir un límite que sitúa un adolescente ideal, ese con el que todos los jóvenes se deben identificar, esto hace que, primero, se borren las particularidades que tiene la manera de ser de un sujeto, y segundo, ese ideal se convierte en una exigencia que al no poderse cumplir necesariamente causará malestar.

Acerca de Hernando Bernal

Hay un Hernando humorista, don juan, satán, tierno, charlatán, malicioso, displicente, generoso, vanidoso, amoroso, burlón, aullador, seductor, apasionado, cínico, gozón, tortuoso, sublime, puntilloso, profundo, cautivador, caprichoso, necio, amistoso, imprudente, voyeur, parrandista, goloso, simplón, afectuoso, irónico, cordial, sarcástico, expresivo, mimoso, tentador, hechicero y mordaz. Ver todas las entradas de Hernando Bernal

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