45. El peso de la cultura.

A la cultura se la puede definir como el conjunto de acciones y normas que han distanciado la vida moderna de la primitiva animalidad del hombre. Son reconocidas como “culturales” todas las actividades y valores que son útiles para poner la tierra al servicio del sujeto, protegerse contra la las fuerzas de la naturaleza y establecer vínculos sociales firmes y duraderos con sus semejantes.

Pero sucede que el ser humano suele responsabilizar a la cultura de gran parte de su miseria e infelicidad; existe en él una hostilidad casi natural hacia ella. Se piensa que la vida sería más plena si se suprimieran o disminuyeran sus exigencias y se regresara a una vida rudimentaria que contribuyera al retorno de las posibilidades de dicha. Si bien la humanidad no se suele sentir del todo bien dentro de la cultura, es muy difícil formarse un juicio acerca de épocas anteriores para saber si las condiciones de vida ayudaban a que ella fuera más feliz y en qué medida.

Al sujeto le es difícil soportar las muchas frustraciones que se le imponen viviendo en sociedad en aras de sus ideales culturales. Es verdad que el ser humano ha hecho extraordinarios progresos a nivel científico y tecnológico, logrando en gran medida un gobierno sobre la naturaleza que antes ni se imaginaba. Pero este sometimiento de las fuerzas naturales no ha promovido, como se pensó en algún momento, el cumplimiento de una vida más completa y llena de prosperidad; la tecnociencia no ha hecho a los hombres más felices, por el contrario, ella trae consigo otras exigencias aún mayores.

Antiguamente el hombre se había formado una representación ideal de omnipotencia y omnisciencia que encarnó en sus dioses, los cuales, a su vez, representaban los ideales de cultura. Con la ciencia y la tecnología el hombre ha cumplido gran parte de sus deseos y se ha acercado tanto a aquel ideal que casi ha llegado a ser él mismo un dios. Y, aún así, el sujeto no se siente pleno con su semejanza con un dios. Más bien, esta nueva posición lo carga con más y nuevos interrogantes sobre su futuro y el sentido de su existencia.

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Acerca de Hernando Bernal

Hay un Hernando humorista, don juan, satán, tierno, charlatán, malicioso, displicente, generoso, vanidoso, amoroso, burlón, aullador, seductor, apasionado, cínico, gozón, tortuoso, sublime, puntilloso, profundo, cautivador, caprichoso, necio, amistoso, imprudente, voyeur, parrandista, goloso, simplón, afectuoso, irónico, cordial, sarcástico, expresivo, mimoso, tentador, hechicero y mordaz. Ver todas las entradas de Hernando Bernal

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